jueves, 8 de agosto de 2013

La Historia de Dos Amantes: Capítulo 6 "Única Como Eres"

Capítulo 6: "Única Como Eres"
Madai


La gala es un completo éxito. Los periodistas andan como buitres observando cada cosa que hace mi familia. Odio a esos tipos porque lo único que hacen es querer destruir la reputación de la familia presidencial. Se supone que nosotros tenemos el poder de todo. Dirigimos la nación de Gloret. Ella está sometida a mis pies y a los de mi familia. A Osvaldo no le importa mucho. Está en época de rebeldía. Sólo le interesa salir con esa chica. La que no le hace caso. Está haciendo sufrir a mi pobre hijo. Le haré entender que no todo es como lo pintan. Su familia caerá en la escala social y es ahí cuando yo, Madai Van Persie de  Astabaruaga le demostraré que no puede traer cacheteando las banquetas a mi hijo ni mucho menos desairarlo. Me pone de muy mal humor esa engreída, histérica antisocial.

Observo como el discurso de mi esposo termina y para mi sorpresa lo veo a él, a la persona que menos quisiera ver en éste espectacular día. Viene en un exquisito smoking negro. Su camisa blanca, es de lino. ¡El lino está causando sensación entre los hombres! Mis ojos se deslizan suavemente hacía sus gemelos. Mi vista no da crédito de lo que veo. Los gemelos tienen mi nombre acentuado. ¡Oh mi Dios!  ¿Qué dirá Omar cuando lo vea? ¿Qué será de mí está noche?

Mis deseos más profundos, aquellos que me niego a dejar salir. La oscuridad a veces es buena, tanta luz necesita un balance. El balance soy yo. El equilibrio puede colapsar pero de ninguna manera sucederá. ¡No puedo dejar que él lo haga! Hay algo dentro de mí que puede impedir esto. La única manera por la que se puede llegar. Es por mi propio corazón.

Todo es tan desconcertante. Su llegada marcará un capítulo en mi vida.

— Deberías ser más cordial con tus invitados. — Su voz es cálida y es como si me pudiera mover entre las olas del mar con total facilidad.

—Pensé que no vendrías, siempre faltas cuando se trata de tu hermano. — Trato de sonar convencida en mi respuesta pero no puedo, él me derrite como un hielo al sol.  

—Hay algo que he querido preguntarte siempre. ¿Puedo? — Siento que algo me recorre cada parte de mi cuerpo. Son algo así como descargas eléctricas.

—Claro que puedes…a cambio de contestarme una tú. — Lo miro fijamente a sus ojos verde olivo. Hipnotizan, tienen un extraño tono que te hace perder el control de tus palabras.

— Sería justo. — Se ve tan guapo como siempre. Sólo puedo observar su retaguardia. Mi lado oscuro está muy hiperactivo hoy.

— Es un asunto muy delicado, creo que deberíamos ir a un lugar más privado. — Cada palabra que articula me hace sentir como una niña enamorada de su vecino.

Él toma mi mano y me conduce hacía uno de los camerinos. Al de mi esposo para ser exacto. No hablamos en el camino. Pero me siento químicamente estable. Juntos somos algo así como un compuesto. Nuestras cargas son neutras pero jamás podremos estar juntos.

El suavemente abre la puerta y discretamente entramos. El camerino es más grande de lo que recordaba. Es muy lujoso y podría albergar a muchas personas en caso de un desastre.

 — Hoy te ves más hermosa que de costumbre. — Su semblante se vuelve franco y sincero.

—No sé qué decir. — Me ruborizo un poco y puedo sentir como él se deleita con mi presencia.

—Creo que los dos sentimos lo mismo por el otro. Tú y Yo juntos por la eternidad. Justo debajo de un madroño de flores moradas, junto a un lago y dos columpios tradicionales. — Sí esto no es una declaración de amor, no sé lo que es.

— ¡Es complicado! —Es lo único que puedo decir. Desde que me case con Omar supe que él era el verdadero amor de mi vida. Pero nuestras familias ya habían arreglado nuestro casamiento desde que nacimos. Para tratar de olvidar a Richard decidí que un hijo fortalecería nuestra relación. Nació Osvaldo y logré olvidarlo, o eso creí.

—Sabes, yo te amo. ¿Sabes por qué? — Me siento tentada a preguntar. Quién se enamoraría de la esposa de su hermano.

— ¿Por qué? —Puedo observar como caen lágrimas de sus ojos. Su mirada de “Te Amo” y es real,  me desfragmenta el corazón. Me hace sentir culpable.

— Porque eres única. Tú forma sensual de caminar, tus intensos ojos  grises, tu cabello lacio caoba impecable y tu forma de ser me hacen sentir cosas que jamás sentí por alguien más. — Estoy muriendo por dentro aunque por fuera esté atónita.

Él llora, es muy sincero. No puedo evitar romper en llanto. Esto me está matando al igual que a él.

— Sabes que te amo, siempre te he amado pero esto ya no es posible. —Mis palabras son cortantes por tanto sollozo.

— ¿Deberíamos ser amantes? —No doy crédito a lo que oigo. Quiero decir que no pero algo me lo impide.

— Hagámoslo. Intentémoslo. — Veo un brillo de satisfacción en sus ojos y en sus labios.

— Seamos uno y que esto sea la historia de dos amantes. — Algo en mi interior baila desfrenadamente y me hace amarlo aún más.

—Seremos los mejores amantes. — Él me toca la mejilla con una de sus delicadas y aterciopeladas manos. Se acerca y nos besamos con un tremendo e inimaginable frenesí. Me hace sentir algo que Omar en su vida ha hecho.  

La intensidad entre nosotros es un mar que devora todo a su paso.

— ¡Bonita es la mujer que trae un libro en su mano, y no un cigarro o una cerveza!—reconozco esa frase donde sea. Junto a nosotros  hay dos puertas. Las perillas de ambas giran en compás, lo que indica tragedia para nosotros.

Nuestro apasionado beso es culminado por la presencia de dos personas. Mi esposo y su mano derecha: Ademir.

Sólo el podría decir eso. Sucumbo ante lo que he hecho. Mi moral está ahora por los suelos, pero vale la pena.

Mi hijo sale de la parte trasera del camerino. Richie y yo nos exaltamos al ver que él y Yamy estaban juntos cuando sucedió todo esto.

— ¿Qué hacían aquí? —Pregunta Omar en su tono de monarca.

— Madai, se sintió mal casi al finalizar tu discurso. —cometa acertadamente Richie.

— ¿Y cómo te sientes ahora? —pregunta el Secretario de Gobernación.

— Mucho mejor. Gracias. —Él es tan suspicaz que detecta cuando alguien le miente descaradamente. Con razón es la mano derecha de mi esposo. Afortunadamente no lo hace.

— ¿Richard porque no te anunciaste? — Omar se ve tan indignado por la falta de su hermano.
—Lo siento pero la Primera Dama necesitaba ayuda. — Él parece comprender e inmediatamente se acerca a él y le da un caluroso abrazo de bienvenida.

—Esposa mía, sí me hubieras comentado sobre tu estado. Habría cancelado el discurso. Yo haría todo por ti. Te amo y nuestro amor será para siempre. — Me quedo anonadada con su último comentario. Sé que él lo haría.

Observo a todos dentro de la habitación. Omar está delirando por mí. Richard sufre por la confesión de mi querido esposo. Por su parte, Ademir. Yo sé que él sospecha algo y eso me preocupa. Osvaldo y Yamy están muy nerviosos y desalineados.

— ¿Chicos y ustedes qué hacían aquí? ¿Y por qué tan desalineados? — Se quedan estupefactos. Lamentablemente, son salvados por el itinerario establecido previamente.

No sé cómo cuestionaré a mi hijo sobre lo sucedido hoy. Sí yo hice algo peor a lo que habrá hecho él. Sus padres son unos inmorales, bueno, solamente yo.



Todos caminamos directamente hacia el salón principal para el acto final. Y mi hijo se aleja rápidamente de mí. Algo esconde. Cada individuo que estuvo dentro de esa habitación lo hace. Y eso es algo que nadie piensa revelar.

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